Espero no ser una galaxia enamorada de un agujero negro.
Estas explosiones nucleares que provocas cada que me besas son realmente escalofriantes y no quisiera arriesgarme a sentirlas con alguien más. /TÚ/
Se derrumban bosques cuando me abrazas y a veces intuyo que le robas brillo a la luna. /Deslumbras/
Tal vez sea hora de dejar que me arrebates todos los lunares y empezar a crear planes para conquistar otros planetas.
En cinco minutos me convences de ser valiente, olvidar al mundo y empezar a creer en las miradas. No debería ser así, pero te has convertido en una de mis razones para sonreír.
Principiantes, todos lo somos porque es imposible saber lo que es el amor para la otra persona. Hasta que te arriesgas, y ganas.
No sabía qué era precisamente eso de enamorarse. El viento le había traído cuchicheos que afirmaban la desgarradora cualidad del amor. Día a día corre el riesgo de encontrar a aquella persona /osada/ que le rasgue los pulmones, que le haga tatuajes en la piel con su saliva, que la tome de la mano en sus paseos hacia ninguna parte.
/No te conozco pero ya te quiero/
Mientras tanto, asiste a tiendas de autoservicio imaginando qué necesitará cuando deba prepararle el d(b)esayuno a su amor, colorea sus palabras y escribe cuentos con sabor a sol.
Tiene miedo pero está dispuesta a sufrir -vivir-, y lo único claro es el diálogo que mantendrá cuando llegue esa persona.
“Y para ser precisos, dígame, ¿qué hace usted cuando entra el sol por su ventana?”
Estaba harta /ilusionada/ de oír hablar de amores, de esos que te hacen perder la paciencia y empiezas a destruir margaritas sin piedad alguna. Nunca tuvo tanto miedo hasta que se vio orillada a contar las tardes que no pasaba junto a él.
Él era eso que llamaban “amor de su vida”, no obstante, ella prefería no nombrarlo, sólo pensarlo & dirigirle algunos suspiros repletos de cielo.
Como él era de aquellos –conspicuos- que preferían volar, ella decidió convertir sus esperas en fiestas entonces, en lugar de deshojar margaritas, inflaba globos /multicolor/ y bailaba alguna canción que la hiciera sacar pasitos que seguramente serían mejor en pareja.
Después –naturalmente- explotaba globos.

DB
Tengo una propuesta indecorosa y malas intenciones contigo. Se trata de un contrato de treinta días, veintinueve noches, donde cada hora tengamos que amarnos como si nada fuera acabar, como si quisiéramos una vida juntos. Cada día haremos algo que nunca hayamos hecho en nuestras vidas antes de conocernos, vas a dejar que te diga “te amo”, te sorprenda con besos y durante el desayuno te contaré mis sueños. Festejaremos nuestros cumpleaños y no hablaremos del pasado. Después de eso, podrás hacer lo que quieras y contarle al mundo que te enamoraste sólo durante un mes o tal vez, prefieras detener el tiempo conmigo.
Hablando de monstruos: una vez me atreví a asomarme bajo la cama, me maravillé tanto que me quedé a vivir ahí. Debajo de la cama fue el único lugar que encontré en el mundo donde blanco era blanco y negro era negro. Estoy seguro que usted nunca encontró algo así.
¿Monstruos? Bueno, déjeme le digo algo sobre los monstruos: son más reales que usted y yo. Son lo que aparentan. No necesitan nombres porque saben qué son. No necesitan máscaras porque saben quiénes son. No necesitan mentir porque saben la verdad.
Monstruosas las personas, que de humanos tienen poco.
Por eso un buen día decidí romper con la utopía de buscar París y me fui a vivir a un pantano. Ese es mi París, un París bruto, sucio y vulgar, pero real. Un París que sea mío.
¿Cómo pasó? Bueno, déjame te resumo: un monstruo crea otros monstruos. Esa es mi historia. Esa es la historia de casi todos nosotros realmente. Quisiera decir más, pero sería cortejar la misma idea.
¿Miedo? Claro, mucho. Siempre. Asústese si no lo siente.
De universos y galaxias aprendí mucho gracias a su mirada. Sin un telescopio comencé a creer en el infinito. Él debería saberlo porque cuando no me mira o cierra los ojos me da pavor lo que podría suceder en otros planetas. No quiero su atención eterna, sólo que sepa quiénes podrían morir en un sólo acto de pestañeo. DB
No tiene que ver con el sexo. No me importa el sexo, eso no es lo principal. Lo importante es despertarte con alguien. Compartir la cuchara. Eso es lo importante, la cuchara. Saber que si llega un mal tipo, hay alguien. Eso es una metáfora, nunca llegan tipos malos. Despertarte con el viento, la persona que amas respirando en tu hombro. Eso es, la cuchara.
Ha muerto aquel jardín
en el que nos dormimos
una vez cada día,
en mi imaginación.En paz descansen,
pues, todas sus flores.
(Source: juanlumora)